Cómo influye la resiliencia en el estrés y el bienestar personal

¿Cómo puedo ser más capaz de afrontar los malos momentos? Es una buena pregunta en los tiempos de incertidumbre que vivimos a causa del COVID-19, aunque no hace falta una pandemia para ser víctimas de un mal trago. 

La pérdida de un ser querido, la ruptura de un vínculo emocional o un accidente de coche son situaciones complicadas que pueden darse en cualquier momento de nuestra vida. Y la capacidad para superar estas circunstancias es lo que se conoce como resiliencia. Es iniciar un nuevo desarrollo después de haber sufrido un trauma. Pero…

¿Cómo influye en tu nivel de estrés y bienestar personal? ¿Sabes cómo potenciarla?

Sobra decir que puedes acompañarnos en este viaje para descubrirlo.

Así influye tu nivel de resiliencia en el estrés y el bienestar

La vida sigue, ánimo…

¿Cuántas veces has escuchado estos mensajes en momentos difíciles? Quizás, no sirven nada más que para oír una vez más todo lo que uno ya sabe. Que la vida sigue es una realidad, pero muchas veces continúa sin que nos apetezca nada. Y no hay que autocastigarse por ello, sino darnos el permiso de atravesar esta fase del duelo. 

El problema llega cuando alargamos demasiado esta etapa y no logramos salir de ella. Es ahí donde entra en juego la inteligencia emocional o la capacidad de gestionar las emociones de cada uno.

La resiliencia es una de las competencias emocionales más importantes para las personas. Es una virtud que nos permite afrontar las malas rachas, sea cual sea el motivo de la tuya. Y es un gran aliado para controlar el estrés en el trabajo u otro contexto. La capacidad que tenemos para tomar conciencia de que nada es insuperable, que los cambios son parte de la vida misma y que hay veces que no los podemos controlar, nos ayudará a ser más resilientes y recuperarnos más rápido de los momentos de estrés. 

Como consecuencia, también mejoraremos nuestro bienestar personal. Para quienes han afrontado una situación de mucho estrés —a causa del aumento en la carga de trabajo, un fallecimiento, una enfermedad, una mudanza, el comportamiento de tus hijos o cualquier otro motivo— es fundamental ser capaces de aceptar la situación y afrontar el problema. 

Si no gestionamos correctamente estas situaciones, pueden dar lugar a episodios de muchísimo estrés, o incluso llegar a convertirse en algo crónico que afecta a tu salud. 

Hoy queremos enseñarte a cultivar tu capacidad de resiliencia para controlar las situaciones de estrés.

 

9 hábitos para potenciar la resiliencia 

No hay mejor forma de desarrollar esta competencia emocional que adoptando una serie de hábitos y actitudes, además de ayudarte de la formación sobre inteligencia emocional:

  • Reconoce lo que estás sintiendo o experimentando a nivel emocional. 
  • Observa cómo respondes automáticamente ante determinadas situaciones.
  • Llena de sentido cada acción que realices.
  • Pregúntate qué harías si no te sintieras así e intenta llevarlo a la práctica.
  • Haz una lista de alternativas para afrontar el malestar y selecciona las que sirven para eliminarlo.
  • Identifica los efectos de tus sensaciones o somatizaciones en el cuerpo.
  • Equivócate, acepta las etapas de duelo y aprende de ellas. 
  • Piensa antes de actuar de manera impulsiva. 
  • Intenta no quedarte solo cuando sufras un trauma. Tendemos a aislarnos, y eso agrava la situación porque el recuerdo de la herida se refuerza aún más.

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” – Borys Cyrulnik. 

 

¿Cómo reconocer si soy una persona resiliente?

Da la impresión de que, últimamente, el término resiliencia está de moda. Mucha gente habla de él por todas partes, pero ¿cuántas personas se lo aplican? ¿Cuántas trabajan para desarrollarlo? ¿Qué características señalan si son o no resilientes?

Por lo general, las personas resilientes presentan el siguiente perfil:

  • Controlan sus impulsos y emociones adecuadamente.
  • Son muy asertivos a la hora de comunicarse con los demás. 
  • Son capaces de mantener la automotivación.
  • Presentan un nivel adecuado de autoestima.

Nuestra capacidad para afrontar los miedos y las situaciones de estrés depende muchísimo de cómo se ha construido nuestra personalidad. Es decir, todo lo que somos tiene un significado en nuestro pasado. Si hemos crecido rodeados de un entorno seguro, seremos más capaces de enfrentarnos a una desgracia (resistencia), y si estamos traumatizados por dicha desgracia, también estaremos más capacitados para iniciar una nueva etapa de desarrollo en nuestra vida (resiliencia).

Antes de enfrentarnos a una etapa de resiliencia y superación de obstáculos, debemos haber experimentado la seguridad, algo que está directamente relacionado con nuestra niñez. Concebimos el hogar como nuestro refugio, y llegado el momento de salir al mundo exterior, trasladaremos la confianza, la fuerza y la seguridad que hemos sentido en dicho hogar.

Las personas que construyen su personalidad rodeadas de un entorno seguro, tanto en casa como en el colegio, les resulta más fácil desarrollar sus capacidades emocionales y afrontar los miedos. Como consecuencia, podemos decir que el nivel de resiliencia depende, en gran medida,  de cómo se ha construido nuestra personalidad.

¿Lo sabías?

 

¿Se puede aprender a ser resilientes cuando somos adultos?

Aunque resulta mucho más difícil aprender a desarrollar la resiliencia cuando somos adultos, recordemos que nuestro cerebro está en marcha durante toda la vida y que podemos entrenar nuestra mente. 

Muchas veces, ni siquiera hace falta vivir una gran desgracia para desencadenar un trauma. Problemas cotidianos como un despido laboral también afectan a nuestro bienestar personal. Una vez más, puede tener su lógica en nuestra infancia. Es decir, si hemos sufrido daños físicos o morales, cualquier cosa que nos ocurra, por pequeña que sea, nos puede provocar un trauma. Si por el contrario, hemos crecido reforzados, puede que jamás experimentemos trastornos por estrés postraumático aun viviendo adversidades tremendas.

Lo mejor de todo esto es que el desarrollo de nuestras competencias emocionales, como la empatía, nos pueden ayudar a luchar contra el dolor. Y nunca es demasiado tarde para entrenar nuestra inteligencia emocional.

¡Tenemos la posibilidad de intervenir para aprender el arte de vivir!